sábado, 14 de mayo de 2011

¿Qué es la locura?

El término locura resulta bastante común en nuestra jerga popular. De hecho, muchas veces antes de pararnos a pensar qué le ocurre realmente a una persona que parece hacer gestos extraños o que está “hablando sola”, recurrimos a la tan conocida expresión “ese está loco” Sin embargo, aún en nuestros días, nadie parece tener claro qué significa esta palabra, o al menos qué trastornos engloba.
En general, la palabra locura se ha venido utilizando para clasificar a aquellas personas que mostraban comportamientos desviados de las normas sociales. En este caso, desviarse de la norma se entendería como salirse un poco de lo que la mayoría de las personas hacen o piensan, de su forma de entender y relacionarse con el mundo. Pero, ¿quién nos dice que en la normalidad no hay un punto de locura? ¿Hay alguien completamente normal o que sea el prototipo perfecto de la normalidad?
Sigamos. El vocablo “locura”, por tanto, estaría muy relacionado con el término delirar (del latín delirare, salirse del surco recto). Eran entonces aquellos que oían voces, que realizaban actos extraños o que razonaban de una forma poco común, los que eran catalogados como locos, y era casi mejor no acercarse a ellos.
Desde nuestro punto de vista, es obvio que se han descrito multitud de trastornos mentales, cada uno de ellos con sus respectivos síntomas y su determinado grado de gravedad. Sin embargo, aunque se ha tendido a relacionar a la esquizofrenia con la locura, tampoco parece del todo claro que esto sea así. Simplemente, parece que sus dramáticas y vistosas manifestaciones son las que nos acercan más a hablar de estas personas como “locas”, aunque si volvemos a la definición de locura como propia de aquella persona cuya conducta o sus pensamientos se salen de lo normal, parece ser que muchos más individuos estarían "metidas en el saco". Así, las personas gravemente deprimidas, las tremendamente ansiosas, las que padecen fobias o incluso las que sufren de insomnio también deberían ser etiquetadas de locas ¿no? Al fin y al cabo solo pequeños porcentajes de la población componen estos grupos en relación al resto de personas que no las padecen.
Un detalle más. Muchos artistas de la talla de Salvador Dalí o Leonardo Da Vinci también fueron considerados por muchos como locos. Su aportación creativa a la sociedad fue incuestionable, pero aún así no parecían resultar del todo cuerdos. Este hecho llama la atención, el pensamiento creativo se asocia en cierto modo a lo que entendemos por locura.
Lamentablemente, la idea de llamar loco a cualquier persona que plantee ideas nuevas, que sea capaz de dar nuevos usos a las cosas o que muestre esperanzas en proyectos que para la mayoría parecen absurdos, está muy extendida entre nosotros. Es como si de algún modo no se nos permitiera soñar, luchar o innovar, como si salirse de “lo que todo el mundo hace, o piensa” fuera cuanto menos estúpido o una mera fantasía.
El caso es que, sea como fuere, las etiquetas que ponemos a los demás no deberían existir. Aunque algunas personas puedan padecer esquizofrenia, depresión o trastornos de la personalidad, lo que realmente hace de ellas personas trastornadas no es más que la limitación y el daño real que les causa la enfermedad en su día a día. Por eso, quizá no deberíamos menospreciar lo que estas personas están dispuestas a aportarnos, o al menos no caer en el error de catalogarlas como "locas". Al fin y al cabo, como dice el famoso refrán, “de poetas y de locos, todos tenemos un poco…”

Estudio relaciona menor educación con envejecimiento más rápido

Investigadores de Gran Bretaña y Estados Unidos examinaron la longitud de secciones del ADN conocidas como telómeros en alrededor de 450 personas que formaron parte de un estudio de salud a largo plazo y hallaron que aquellas con peor calificación educativa tenían telómeros más cortos, lo que sugiere que envejecerían más rápido.
Los telómeros son secciones del ADN que cubren las extremidades de los cromosomas y los protegen del daño y de la pérdida de funciones celulares asociadas con el envejecimiento. Telómeros más cortos serían un indicador de envejecimiento más veloz.
"La implicancia clave de este estudio es que respalda uno de los principales mensajes que pueden obtenerse de los estudios a largo plazo: que las experiencias de uno al comienzo de la vida pueden tener influencias importantes en la salud", dijo Stephen Holgate, del Consejo de Investigación Médica de Gran Bretaña, que financió parcialmente el trabajo.
Holgate indicó que como con toda investigación observacional, fue difícil establecer las causas últimas de los hallazgos, pero añadió que el estudio brinda evidencia "de que ser educado a un mayor nivel puede beneficiarnos más que el mercado de trabajo solamente".
Los participantes del estudio fueron divididos en cuatro grupos según su nivel educativo: aquellos sin calificación alguna; los que habían abandonado la educación formal después de los exámenes cercanos a los 16 años de edad; quienes habían dejado los estudios tras los exámenes cercanos a los 18 años de edad; y quienes obtuvieron título universitario o terciario.
La investigación fue publicada el miércoles en la revista Brain, Behavior and Immunity.
Los resultados mostraron que las personas con menores logros académicos tenían telómeros más cortos, lo que indica que envejecerían más rápido, y el estudio también ofreció evidencia fuerte de que esto no se ve afectado por el estatus social y económico más adelante en la vida, como se creía anteriormente, señalaron los investigadores.
"Sabemos por investigaciones previas que las personas de contextos pobres son propensas a envejecer más velozmente", dijo Andrew Steptoe, profesor de psicología de la Fundación Cardíaca Británica, otro patrocinador del estudio.
"La educación es un indicador de clase social que las personas adquieren temprano en la vida, y nuestra investigación sugiere que es la exposición a largo plazo a las condiciones de un estatus menor lo que promueve un envejecimiento celular acelerado", añadió Steptoe.

sábado, 16 de abril de 2011

¿Cómo podemos combatir la procrastinación?

La procrastinación es el hábito de aplazar las cosas que deberíamos hacer, enredándonos en tareas menos importantes o incluso gastando nuestro tiempo deliberadamente en cosas que nos obligamos a creer que son más perentorias. No es exactamente pereza: es buscarnos trabajos menos pesados para evitar los pesados, y así justificar que estamos muy ocupados para ocuparnos de ello. La técnica para combatirla la descubrió la psicóloga Bluma Zeigarnik, mientras estaba tomando un té en una cafetería de Viena. Allí observó que los camareros recordaban fácilmente los pedidos de los clientes cuando éstos pedían la cuenta. Pero, tras pagar la cuenta, si al cliente preguntaba algo al respecto unos minutos después, entonces al camarero le costaba recordar lo consumido.

Es decir, al pagar, el camarero parecía borrar el pedido de su mente.
Zeigarnik, inspirada, regresó al laboratorio para probar su idea.
Pidió a varias personas que realizaran algunas tareas sencillas (como apilar fichas o meter juguetes en una caja), pero, en algunos casos, detuvo a los participantes antes de que acabaran ciertas tareas. Al final del experimento, pidió a los participantes que describieran las tareas realizadas. Como en su observación de los camareros, Zeigarnik descubrió que las tareas sin finalizar quedaban grabadas en la mente de las personas y, por tanto, eran más fáciles de recordar.
Al iniciar cualquier tarea, nuestra mente experimenta una especie de ansiedad psíquica. Al concluirla, nuestra mente se relaja. Pero si no la concluimos, nuestra mente inquieta continúa importunando hasta que se termina lo iniciado.
¿Cómo podemos aplicar esto para combatir la procrastinación? Como lo que de verdad nos abruma es realizar la tarea pesada, lo que podemos hacer es persuadirnos de que sólo llevaremos a cabo esa tarea durante unos minutos. Sólo unos minutos no hacen daño a nadie. A menudo, entonces, sentiremos la necesidad de seguir con ella hasta acabarla.
Las investigaciones demuestran que la regla de “sólo unos minutos” es muy eficaz para vencer la procrastinación y puede ayudar a terminar las tareas más arduas.
Así que ya sabéis: si tenéis una lista pendiente de cosas que nunca hacéis, no os planteéis hacerlas, simplemente dedicad unos minutos a una de ellas. Sin daros cuenta, la habréis acabado. Si de todos modos eso tampoco os funciona, entonces ¡bienvenidos al elitista club de los procrastinadores premium!

fuente:  http://www.xatakaciencia.com/psicologia/como-podemos-combatir-la-procrastinacion

Probando la plasticidad del cerebro humano con una babosa llamada 'Aplysia'

Nuestras conexiones sinápticas no son estáticas. Cambian y se modifican según las experiencias que tengamos, hasta niveles que no se creían posibles. Una de las manifestaciones más evidentes de esta propiedad se la debemos a una babosa.
La babosa era el sujeto experimental del biólogo Eric Kandel, allá por la década de 1970. Era una babosa marina llamada Aplysia. ¿Por qué una babosa marina? Porque poseen sistemas nerviosos sencillos y células nerviosas grandes. Kandel ganaría un Premio Nobel por su trabajo.
Lo que descubrió fue que si se tocan las branquias de una babosa, aunque sea un poco, las branquias se retraen de forma inmediata, como un acto reflejo. Pero si se tocan repetidamente, sin causar daño, entonces este instinto dejará de manifestarse.

La babosa se habitúa al contacto y aprender a hacerle caso omiso. Examinando los sistemas nerviosos de las babosas, Kandel descubrió que “este cambio de comportamiento aprendido venía acompañado por un progresivo debilitamiento de las conexiones sinápticas” entre las neuronas sensoriales que “sienten” el contacto y las neuronas motrices que le indican a la branquia que se retraiga.
Después de este toqueteo continuo de branquias (unas 40 veces), sólo el 10 % de sus células sensoriales mantienen vínculos con las células motrices, cuando lo habitual es que el 90 % de las neuronas sensoriales de sus branquias tengan conexiones con las neuronas motrices.
Es decir, con unos pequeño entrenamiento, se producen cambios grandes y duraderos en las sinapsis.
Esta plasticidad de nuestras sinapsis armoniza dos filosofías de la mente que hace siglos estaban en conflicto: el empirismo y el racionalismo. Según los empiristas, como John Locke, la mente con la que nacemos es una pizarra en blanco, una tábula rasa. Todo lo que sabemos proviene de nuestras experiencias, de lo que aprendemos mientras vivimos. Dicho en términos más familiares, son producto de la cultura, no de la naturaleza. Según los racionalistas, como Immanuel Kant, nacemos con una “plantilla” mental incorporada que determina la forma en que percibimos e interpretamos el mundo. Todas nuestras experiencias se filtran a través de estas plantillas innatas. Predomina la naturaleza.
La babosa revela que ambos puntos de vista son correctos y se complementan entre sí.

 fuente: http://www.xatakaciencia.com/psicologia/probando-la-plasticidad-del-cerebro-humano-con-una-babosa-llamada-aplysia

sábado, 8 de enero de 2011

Sueños

1º teoría: La actividad psíquica, por su parte disminuye mientras dormimos.
2º teoría: Mientras dormimos la actividad psíquica no duerme.
3º teoría: Hay que definir al sueño sin recurrir al estado de vigilia.

- Mecanismos Psicológicos del Sueño
  • La transformación de la representación en alucinación: los sueños reemplazan los pensamientos en imágenes.
  • La dramatización o puesta en escena: el sueño no se contenta con presentar imágenes independientes unas de otras, sino que las organiza, los escenifica.
  • La ausencia del control voluntario: En el sueño nos encontramos en un estado en el que padecemos unas representaciones contra las que no somos capaces de actuar conscientemente.
- Las fuentes psicológicas del sueño
  • Los sucesos recientes.
  • los sucesos insignificantes
  • los recuerdos de la infancia
- Freud: La estructura del sueño
  • El doble del sueño: contenido latente y contenido manifiesto. Donde el contenido latente es un producto de un sistema de pensamientos lógicos. Estos pensamientos del sueño contendrán los deseos del sujeto, expresados a modo de fantasmas, así como toda clase de anhelos mas o menos confesados por su conciencia.
  • El sueños, cumplimiento de un deseo: Se puede demostrar que hasta los mismos sueños penosos o las pesadillas no eran otra cosa que los travestís de un deseo.
El sueño para freud: un mecanismo con 4 engranajes
  1. La condensación: El sueño tiene que producir unas intensidades mas fuertes que las que se dan en la forma de pensar propia de la vigilia. se hace evidente porque se forma las personalidades colectivas (un personaje tiene características de varios individuos). Se da la doble impresión de conocido y extraño. También se da la condensación en palabras o nombres.
  2. El desplazamiento: Un ejemplo seria si en algún sueño se presenta la siguiente imagen: "la risa convulsiva sustituye al llanto y sollozos"
  3. los procesos de figuración: El sueño está compuesto fundamentalmente por imágenes. es posible pasar de un pensamiento abstracto a ese lenguaje gráfico, o cómo hablaba el sueño. El sueño habla por omisión, suprimiendo todo cuanto suponga relación lógica o conjunción entre los pensamientos.
     Medios que usa el sueño para su puesta en escena:
  • Para expresar las relaciones lógicas existentes entre distintos pensamiento, el sueño recurre a la simultaneidad. Unirá esos elementos en una serie de sucesos. Es factible delimitar las secuencias.
  • Las relaciones de causalidad se expresan bien, el sueño prólogo representará la proposición subordinada y el principal la proposición asimismo principal.
  • El sueño no expresa la alternativa (ya...o...) sino que da el mismo valor a los distintos miembros de disyunción. los presenta en secuencia o simultáneamente.
  • El sueño da la impresión que ignora el no; no conoce la oposición ni la contradicción. Se da el proceso llamado "denegación".
  • Cuando veo que en el sueño no surjo yo, sino alguna persona extraña, debo suponer que mi yo se encuentra oculto tras dicha persona, merced a la identificación. En los sueños, somos uno y múltiples; proyectamos sobre el otro nuestros propios rasgos personales y nos apropiamos de los suyos. La identificación es uno de los procesos mas generalizados del inconsciente.
4.  La elaboración secundaria: hemos descrito una serie de procesos que le confieren al sueño su apariencia extraña o absurda. Pero, al despertarnos tenemos la sensación de haber tenido un sueño coherente y bien pensado. Freud llamo a este proceso elaboración secundaria. Es el lado positivo de la censura. Su causa es similar al de la vigilia que quitara al sueño su apariencia absurda para convertirlo en algo coherente. Gracias a este proceso se puede entender por que algunos contenidos son mas claros y otros permanecen confusos.

viernes, 31 de diciembre de 2010

La Neuroética


Los avances en la tecnología de formación de imágenes del cerebro ha hecho posible un amplio desarrollo en esta área de conocimiento, a pesar de los inconvenientes éticos que pueden generar los métodos de investigación, que llevan a plantear problemas morales a veces inaceptables.
La Neurociencia se ocupa del estudio del Sistema nervioso central y periférico y la Neuroética, que proviene de ella, es la moral aplicada al estudio del cerebro, considerado el órgano base de la identidad, de la responsabilidad y de las funciones superiores.
Las primeras investigaciones anatómicas del sistema nervioso central comienzan con Thomas Willis (1621-1675) científico identificado con el dualismo cartesiano que divide el cuerpo del alma y supone el estudio separado de cada parte del hombre, para que juntas lo representen.
Willis localiza determinadas funciones mentales en regiones específicas del encéfalo y en siglo XIX se convierte en el precursor de la controversia entre los que estaban a favor de las localizaciones y los que se oponían a ellas.
Franz Joseph Gall (1758-1828) por su parte, sostenía que la forma del cráneo mostraba el diferente desarrollo de las estructuras cerebrales, responsables de sus funciones específicas.
En cambio, Marie Jean Pierre Flourens (1794-1867) no le otorgaba importancia al lugar sino a la porción de cerebro involucrada.
Mientras tanto, los datos objetivos de los registros ponían en evidencia la influencia de ciertas lesiones cerebrales en el comportamiento.
El conocido caso de Phineas Gage, resulta ser un ejemplo de la tesis reduccionista, además de los descubrimientos sobre el lenguaje de Paul Pierre Broca y Karl Wernicke.
Gage era un capataz del ferrocarril de Nueva Inglaterra que debido a un accidente que le destrozó parte de la cara y del cráneo, perdió una porción de la corteza prefrontal.
Sin embargo, a pesar de la gravedad de sus lesiones, no experimentó ningún problema sensorial ni motor, pero su comportamiento cambió radicalmente, porque habiendo sido un hombre bondadoso y generoso se convirtió después del accidente en alguien malhumorado, hosco y malhablado.
Broca había señalado a la circunvolución frontal inferior del lóbulo frontal como la región de la corteza cerebral responsable del habla.
Bernard Baertschi piensa que la neuroética se tiene que ocupar de en qué medida influyen las emociones en las decisiones morales, la responsabilidad y la libertad de una persona ante el determinismo cerebral; además, del control de los estados mentales por medio de las técnicas de neuroimagen y la neuropotenciación y de los tratamientos adecuados con psicofármacos.
Forman parte también de este campo los implantes cerebrales, las interfaces máquina-encéfalo, y las bases neuronales del comportamiento y de la conciencia.
A través de la historia de la filosofía, cada época ha tenido su ética. Kant por ejemplo propuso el deber como guía de moralidad; el siglo XIX se caracteriza por el utilitarismo como sinónimo de felicidad para todos; y en el siglo XX la bioética se coloca en primer lugar y aparece el informe Belmont con los cuatro principios que deberán regir, las investigaciones sobre humanos, la relación con el médico, el derecho a la autodeterminación, y la no maleficencia, principio de beneficencia y justicia.
En el siglo XXI llega la Neuroética, o sea la ética de la Neurociencia centrada en la ética de la práctica médica que integra el conocimiento neurocientífico con el pensamiento ético y social.
La Neurociencia de la ética está basada en la Neurofilosofía, que es la que indaga sobre las bases neurológicas del conocimiento moral, o sea qué es lo que ocurre en el cerebro cuando se trata de decisiones morales.
Para un kantiano, este proceso ocurre en la zona frontal del cerebro; para un utilitarista se trata de la activación de las partes prefrontales, límbicas y sensoriales y para un aristotélico es la actividad coordinada de todo el cerebro.
El criterio para determinar el fin de la vida, es una cuestión capital en el avance de las neurociencias. Actualmente se adopta el criterio cerebral, o sea que la muerte se produce cuando el cerebro, inclusive el tallo cerebral deja de funcionar; sin embargo, aún no queda descartada la posibilidad de la manipulación del hombre gracias a estos avances.
Fuente: “De la Neurociencia a la Neuroética”, José Manuel Giménez Amaya, Sergio Sánchez-Migallón. “Investigación y Ciencia-Mente y Cerebro”, numero 43, Neuroética, Luis Alonso.


 escrito por: Malena Lede

Los ateos, liberales y monógamos tienen un coeficiente más elevado

CNN — Las tendencias, políticas, religiosas y sexuales son un indicio de inteligencia, afirma un estudio de la Escuela Londinense de Ciencia Económica y Política.
El psicólogo evolucionista Satoshi Kanazawa relacionó información sobre esas conductas con el coeficiente intelectual (IQ) y encontró que, en promedio, las personas que se dijeron ateos y liberales, tenían un IQ más alto.
Los participantes que se declararon ateos tenían un IQ promedio de 103 puntos en la adolescencia, mientras los adultos que se dijeron religiosos, tuvieron un promedio de 97, encontró el estudio.
Este resultado aplicó también para la exclusividad sexual, pero sólo en los hombres. Esto quiere decir que los hombres que se relacionan sexualmente con una sola pareja, tienen un coeficiente más elevado.
Las diferencias en el IQ –que no son determinantes aunque tampoco insignificantes- son del orden de seis a once puntos y muestran cómo se desarrollan ciertos patrones de identificación con alguna ideología, y cómo cambia el comportamiento de las personas con ello.
Los datos no deben ser utilizados para estereotipar o crear prejuicios sobre las personas, dicen los expertos.
La razón de este resultado es que todas esas tendencias van en contra del pasado evolutivo del ser humano. En otras palabras, ninguno de estos rasgos habría sido benéfico para nuestros ancestros, pero podrían estar asociados a una inteligencia mayor.
“Adoptar algunas nuevas y evolucionadas ideas tiene que ver con el avance de las especies”, dijo James Bailey, catedrático de la universidad George Washington.
“Incluso tiene mucho sentido que las personas más inteligentes –que parecen tener mayor poder intelectual- son quienes las hacen avanzar”.
Agregó que estas preferencias podrían ser un deseo reprimido de mostrar superioridad o elitismo, lo cual también está relacionado con el coeficiente. De hecho, adherirse a filosofías poco convencionales –como el liberalismo y el ateísmo- pueden ser una forma de “decir a los demás que eres muy listo”, dijo.
El estudio analizó una larga muestra del Estudio Nacional Longitudinal de Comportamiento Adolescente. Los entrevistados tenían entre 18 y 28 años entre los años 2001 y 2002. Otra fuente del estudio fue la Encuesta Social General de los Estados Unidos.
Monógamos, ¿más listos? Sólo los hombres
Kanazawa descartó que una inteligencia superior o inferior tuviera que ver con la monogamia en las mujeres. Esto tiene sentido si vemos que, el tener una sola pareja, ha sido un comportamiento tradicionalmente femenino desde hace miles de años; por lo que esta exclusividad no es nada nuevo.
Para los hombres, por otra parte, la monogamia va en contra de su “deber” evolutivo, que les indica que deben “esparcir su semilla” con múltiples parejas.
En cambio, las mujeres necesitan de una pareja estable que les provea de recursos, considerando que pasan nueve meses embarazadas y varios años cuidando de hijos pequeños.
Mentes libres de dogmas
La religión, según esta teoría, no ayudó exactamente a la gente a sobrevivir o reproducirse, pero las ha ayudado a cuidarse al volverlas “paranoicas”, dice Kanazawa.
Por ejemplo: asumir que un ruido lejano es señal de una amenaza, ayuda a los humanos a prepararse para el peligro.
“La paranoia ayuda a la vida, y si los humanos son paranoicos, se vuelven más religiosos y ven las manos de Dios en todas partes”, asegura el investigador.
El ateísmo “permite cuestionar y especular sobre la vida sin preocuparse por los dogmas de una religión”, afirmó el profesor Bailey.
“Históricamente, todo lo que es nuevo y diferente es visto como una amenaza en términos de las creencias religiosas, pues casi todas las religiones se basan en la permanencia”, apuntó.
Liberales, más generosos
El estudio recoge el concepto estadounidense de ‘liberal’, en comparación con un conservador, al margen de tendencias políticas, como el aborto y los derechos de los homosexuales.
“Los liberales suelen preocuparse más por personas totalmente ajenas a ellos, mientras que los conservadores sólo muestran preocupación por quienes les son afines”, explicó el catedrático.
Considerando que nuestros ancestros tuvieron un agudo interés en la supervivencia de su descendencia, la postura conservadora sigue la línea de la evolución, más que la liberal, afirma Kanazawa. “Es antinatural en los seres humanos el preocuparse por los extraños”, dijo.
El estudio encontró que los adultos jóvenes que dijeron ser más conservadores tienen un coeficiente promedio de 95, en comparación con los que se dijeron “más liberales”, que tuvieron un promedio de 106.
La preocupación de los conservadores por sus seres más cercanos encaja también con la necesidad de mantenerse a salvo, en contraste con la tendencia de los liberales por aventurarse hacia lo desconocido, afirmó Bailey.
No obstante, ninguna de estas tendencias es evidencia de que la evolución de la especie humana esté condicionada a esas ideas, advirtió Kanazawa.
“Las personas más inteligentes tienen menos hijos, así que salirse de la trayectoria (de conservación de la especie) es algo que no va a suceder”, concluyó.